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Hablando de prioridades

Hablando de prioridades

Por Dr. C. Santiago Alemán Santana, MSc. Orlando Saroza Monteagudo y MSc. Jorge Pérez Méndez

Sólo con el entusiasmo no se construye el socialismo, pero tampoco sin el entusiasmo consciente y revolucionario. Cada trabajador debe palpar que su perspectiva personal se encuentra indisolublemente ligada a la del colectivo y del país. Cuando los objetivos coinciden con los motivos que mueven la acción del trabajador, se crean convicciones, las cuales conducen a la formación de una jerarquía voluntaria de los motivos que guían su conducta.

La experiencia vital directa de cada trabajador en su entidad constituye el punto de partida en el largo, complejo y contradictorio proceso de formación de la conciencia de propietarios–productores socialistas. La cuestión reside en que cada persona capta, en primer lugar, los fenómenos que permanecen en la superficie de las intrincadas relaciones económicas. La comprensión transita de los intereses materiales personales a los colectivos y sociales. El descubrimiento de las esencias requiere tiempo. No es fácil que cada trabajador comprenda su “ser” copropietario de la riqueza, de todos los frutos del trabajo social, y que la ecuación individuo-colectivo-sociedad, en el socialismo, no es de contrincantes antagónicos, sino diferencias en una unidad orgánica, contradictoria e indestructible.

El reflejo exacto de las relaciones económicas por los trabajadores, o dicho de otro modo, la conciencia de productores–propietarios, implica una penetración en la naturaleza de los fenómenos y una actitud práctica de amo hacia los objetos de propiedad común: ahorrar al máximo, velar por la utilización racional y eficiente de los recursos, luchar por su multiplicación en beneficio de todos. En la medida en que cada trabajador asume tal actitud hacia el trabajo y los bienes comunes, la coincidencia entre la manifestación superficial de las relaciones económicas y su esencia intrínseca se hace cada vez mayor.

Las viejas costumbres y opiniones no desaparecen de una vez, ni al unísono en todos los trabajadores por el hecho de eliminar la propiedad capitalista. Para ello se requiere tiempo. La esencia de la propiedad social puede ser tergiversada en el plano de la representación individual. La construcción de una auténtica colectividad laboral es la forma de asumir la solución a esta contradicción, puesto que sólo a través de ella el trabajador aparece como individuo verdaderamente libre.

Los elementos de carácter material determinan en última instancia el movimiento histórico. Pero los procesos particulares, en muchos casos, se deciden, no por razones de última instancia, sino por cuestiones políticas e ideológicas. El desarrollo social es también fruto de la conciencia. Como muestra la práctica histórica, no existe reproducción de relaciones económicas sin producción de ideas, pues, siempre media la toma de conciencia. Por su parte la conciencia política es decisiva porque estructura todo el reflejo consciente.

Parece claro que las relaciones ideológicas, en su carácter objetivo, condicionan el comportamiento de los trabajadores, ya que en la medida en que los principios sociales se concientizan como valores, se forman convicciones según las cuales actúa el  hombre. De manera que resulta sumamente importante emplear, junto a los mecanismos económicos, el trabajo ideológico, de forma que se propicie el reflejo más exacto posible de la realidad, la toma de conciencia de los intereses claves y la lucha para materializar las ideas.

Precisamente “uno de los más difíciles retos del trabajo ideológico es lograr que el trabajador se sienta dueño colectivo de las riquezas de la sociedad y actúe en consecuencia”.[1]

La conciencia económica socialista se concreta en la actitud de constante preocupación de los trabajadores por la búsqueda creadora de soluciones a los problemas de la entidad. Esa es la garantía del triunfo de la empresa estatal, como lo es, en el plano más general, la activa participación de todo el pueblo en la victoria de la construcción socialista.

El socialismo es un fenómeno, como diría el Che, de producción y conciencia, en cuya base se encuentra la realización socioeconómica del productor–propietario. La experiencia histórica más reciente, con la desintegración de la Unión Soviética y el derrumbe del Campo Socialista, ha demostrado que la materialización de los intereses de los trabajadores en general determina la existencia del socialismo.

Sólo la acción sistémica de todos los sujetos de dirección puede ofrecer al trabajador, primero, un ambiente realmente democrático donde pueda expresar sus potencialidades creadoras y, segundo, una atención esmerada que contribuya a reproducirlo como verdadero productor–propietario socialista.

Para Cuba, la lucha por el socialismo es la única alternativa posible de libertad y desarrollo. El perfeccionamiento de los mecanismos económicos y políticos de la construcción socialista aparece como primera prioridad de la estrategia del país.



[1] Castro Ruz, Raúl: Discurso de Clausura del XIX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, Periódico Juventud Rebelde, 28 de septiembre, 2006, p. 5.                 

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